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El Edén maldito, un reportaje exclusivo de Iker Jiménez

La Nave del Misterio inicia su viaje ofreciendo una exclusiva: Iker Jiménez y Carmen Porter viajaron hasta la frontera de Turquía, Siria e Irak para traernos imágenes del primer templo construido por el hombre

Lo llaman El Edén Maldito: hace 12.000 años, se construyó un templo o ciudad ritual, con seres demoníacos de piedra, en el preciso enclave donde muchos arqueólogos aseguran que transcurrió el Génesis. La prensa internacional publicó que investigadores alemanes aseguraron haber descubierto el auténtico Edén en el llamado Monte Ombligo del sur de Turquía, y Cuarto Milenio se fue hasta allí con las cámaras: por primera vez un equipo español ha logrado grabar en el interior del templo. El material que traen es una primicia que podrán disfrutar todos los espectadores. En compañía del catedrático Antonio Piñero, del especialista en religiones Sebastián Vázquez y del arqueólogo Jesús Gil Fuensanta, intentaremos responder a preguntas que continúan sin respuesta: ¿Por qué este templo fue enterrado y maldito hace 8.000 años? ¿Por qué ningún libro habla de estos hallazgos increíbles? ¿Qué clase de tecnología desconocida se empleó en estas primeras esculturas de la humanidad? ¿Por qué tanto silencio en torno a unas figuras y ciudadelas que pueden cambiar todo lo conocido sobre la antigüedad del hombre?

Además, en este primer programa intervendrán algunos de los colaboradores habituales de Cuarto Milenio. El Doctor Cabrera y Justo Hernández, doctor experto en virología, examinarán los cinco Virus Letales que podrían acabar con la raza humana. Algo muy duro, que ahora tenemos que conocer como nunca antes se había visto.

No faltan en este arranque de temporada las historias de terror. El Visitante, una espeluznante historia ocurrida en el Pirineo que será narrada, en esta ocasión, por sus propios protagonistas en el plató de Cuarto Milenio. La llegada de un extraño individuo a un refugio de montaña, trajeado y como venido de la nada, marcará la estancia del resto de los montañeros que pasan la noche en el albergue, un caso fascinante e imposible de olvidar que nos dejará sin palabras.

El Equipo de Cuarto Milenio seguirá indagando en fotos de ayer y de hoy en busca de una solución y además permitirá una interactividad con el público completamente novedosa para que los telespectadores se puedan convertir en informantes y reporteros del programa.

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Hay varias versiones del significado del urco, en algunas zonas dicen que el urco representa la muerte misma, otras que su representación es la del otro mundo, el mundo de las ánimas, lo que equivaldría a decir que encontrarse con él, es estar ya muerto. Otros lo identifican con el “Can Cerbero”, el guardián de los infiernos, ligado a Hércules y su viejo culto en las tierras gallegas.

En otras versiones, el urco no es sino el can que acompaña en su deambular errante a la Santa Compaña, pero con ligeras diferencias el urco tiene en la cultura popular gallega mucho que ver con las premoniciones de la muerte. Se le ha ligado en ocasiones con las malas meigas, como el guardián de sus cuevas.

Así, entre las varias creencias en el URCO, la más extendida se refiere a un perro grande, inmortal, de color totalmente negro, sus grandes orejas colgantes caían por sus costados y junto a ellas nacían dos protuberancias en forma de pequeños cuernos y arrastraba por el suelo su largo rabo mientras caminaba.

Este animal de aspecto horrible se presentaba siempre por al noche, los días de bruma o niebla para que su imagen entre las sombras, diera verdadera repugnancia. Atraía a los incautos con su aullido. Aseguraban que encontrarse con él en plena noche era premonición de la muerte segura de un ser querido o el presagio de la muerte propia., era uno de los más claros augurios de la muerte.
Con el devenir del tiempo, el urco ha pasado de esa cultura popular de la muerte a ser parte de esa otra cultura donde se espantas nuestros propios fantasmas: el carnaval, y desde 1876 es el protagonista de los Carnavales de Pontevedra.
En algunas aldeas de la Costa de la Muerte, se identifica al urco con los ángeles y los demonios; así un urco blanco, de vello sedoso y mirada tierna, representaría al ángel de la guarda y el otro, horrendo y negro, sería el demonio.
  1. Otras versiones:

Efectivamente en Asturias se le llama güercu.

Tiene dos formas de presentarse:

-Como una imagen de la persona que va a morir: puede ser vista por el destinatario del mortal presagio o por otra persona que lo conoce. Suele aparecer en el campo haciendo las labores como si tal cosa. Tanto en Asturias como en Galicia puede aparecer ligado a la Santa Compaña; en este caso aparece acompañando a la procesión de almas en pena.

-Como un animal anunciados de la muerte: lechuza, cuervo, perro, gato… En el caso del perro tiene especial importancia su ahullido.

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La Santa Compaña: La Peregrinación De Los Muertos

iles de testimonios aseguran haber visto una procesión de figuras con sudario, que avalarían la existencia del mito gallego de la Santa Compaña. ¿Qué hay de cierto? Veamos las hipótesis más sugestivas y los relatos de algunos testigos.


A la «Santa Compaña» la describen como una procesión de figuras vestidas de blanco y cubiertas con sendas capuchas.

El doctor Pereira regresaba a casa al filo de las dos de la madrugada tras atender un parto difícil en una aldea vecina. Al doblar un recodo del camino se encontró con «La Compaña». Era un grupo de unas ocho tétricas figuras vestidas de blanco y cubiertas con sendas capuchas comandado por un pálido individuo que portaba una gran cruz de madera. La fantasmal comitiva se movía en el más absoluto silencio, mientras un fuerte olor a cera quemada lo inundaba todo. De repente, el grupo se detuvo frente a la casa de Manolo, el de la ferretería. El pánico dominó al doctor Pereira que salió disparado, como alma que lleva el diablo, para refugiarse en su vivienda, al otro lado del pueblo. Atrás quedaba el «mito imposible» que había visto con sus propios ojos: «La Santa Compaña». Cuatro días después Manolo el ferretero moría de un infarto en la tasca del pueblo…

Este es uno de los casos típicos y tópicos que el folklore y la cultura popular gallega amontona entre los relatos de los viejos lugareños de cualquiera de sus aldeas. Y es que resulta muy difícil, aún en los años noventa, encontrar una aldea o pueblo gallego en el que no exista, al menos, un testigo de estas insólitas apariciones.

Muchos han sido los literatos e intelectuales gallegos que han elegido «La Santa Compaña» como el argumento base de sus fábulas, y muchos también los antropólogos y sociólogos que han pretendido estudiar y comprender el mito. Pero todos los intentos de cuadricular esta tradición han sido pobres en resultados, ya que el mito de «La Compaña» ha sido asimilado de tal forma por la cultura rural gallega que sus variantes y matices son demasiados para ser clasificados alegremente. Cada pequeña localidad posee una «Santa Compaña» con personalidad propia.

Naturalmente existen casos abundantes para apoyar cualquiera de las creencias populares sobre ánimas, a pesar de que con el estudio serio y científico que algunos investigadores han hecho del mito, éste comienza a perder su aureola sobrenatural para encontrar, en muchos casos, una serie de respuestas posibles más lógicas y terrenales.

Según el estudio de algunos antropólogos o investigadores que se han ocupado del tema, en muchas ocasiones las apariciones de «La Compaña» se daban en lugares de características similares: terreno irregular, poca luz, un solo testigo y a altas horas de la noche… Algunos estudiosos, tras analizar casos concretos, llegaron a la conclusión de que en muchas ocasiones una pandilla de contrabandistas de tabaco, tan habituales en Galicia, o una partida de mariscadores, bien podrían haber sido tomados en la penumbra de la noche y por unos testigos pre-condicionados culturalmente, por una procesión de «ánimas en pena». Y no les falta razón.

Tétricas Leyendas

Son muchos los casos que se han dado de personas que han visto la «Santa Compaña».

Fernando Magdalena, del Centro de Investigaciones Psicobiofísicas de Vigo, confesaba que el número de casos de aparición de la «Santa Compaña» ha disminuido notablemente; para nosotros es debido en buena parte a la creciente iluminación y asfaltado de los caminos; para los «creyentes» la razón es que ahora se rezan más misas a los difuntos…

Pero, aunque en menor número, las apariciones no han desaparecido. En El Ferrol Juan Pérez decía: «Estaba con mi hermano en el coche, cerca de la playa, cuando los vimos. Eran una media docena. Todos vestían túnicas blancas, como de monjes, y se movían en silencio por encima de las rocas. Nos quedamos petrificados sin poder decir palabra…».

Bruno Alabau, otro testigo de la insólita aparición, fue el más explícito, ya que pudo presenciar el fenómeno desde más cerca: «Fue en marzo de 1982, en Gisamo (La Coruña). Yo era boy-scout y me encontraba con mis compañeros en una acampada de fin de semana. Después de la cena, ya era de noche, hicimos un «acecho», una especie de juego del escondite. Yo decidí rodear el campamento a través del bosque, así que me fui colina abajo y cuando estaba llegando al camino ví unas luces. Pensé que sería alguno de mis compañeros así que me escondí detrás de unos árboles con la idea de darles un susto, pero el asustado fui yo. No me preguntes qué era aquello. Eran siete «personas» en dos filas de tres y con uno de ellos delante, entre las dos filas. Todos vestían igual, una especie de túnicas terminadas en unos capuchones, como los de Semana Santa. El de delante llevaba una gran cruz que parecía hecha con dos maderas planas. Y los dos que le seguían, uno en cada fila, llevaban una gran vela cada uno. Los otros cuatro no llevaban nada. Me quedé allí, como paralizado, hasta que cruzaron frente a mí y se perdieron tras los árboles. Luego volví corriendo al campamento pero no conté nada a nadie; me tomarían por loco…».

Según la tradición popular, Bruno habría tenido mucha suerte, ya que el fundamento del mito es el de que «La Santa Compaña» está compuesta por un grupo de difuntos precedidos por un vivo condenado a salir todas las noches a los caminos, comandando la fúnebre peregrinación, portando la cruz o un cubo de agua bendita, hasta encontrarse con otro vivo a quien traspasar la condena y así quedar libre. De no hacerlo así, en un determinado tiempo iría enfermando y palideciendo gradualmente hasta morir.

Dicen los lugareños que no todos los mortales tienen la facultad de ver con los ojos a «La Compaña». Elisardo Becoña Iglesias, en su obra «La Santa Compaña, El Urco y Los Muertos» explica que según la tradición, tan sólo ciertos «dotados» poseen la facultad de verla: los niños a los que el sacerdote, por error, bautiza usando el óleo de los difuntos, poseerán, ya de adultos, la facultad de ver la aparición. Otros, no menos creyentes en la leyenda, habrán de conformarse con sentirla, intuírla, etcétera. Y es que habría una serie de indicios de la proximidad de la aparición como podría ser el olor a velas surgiendo de repente, o el espanto de determinados animales: perros, gatos, caballos… que según la leyenda pueden ver esos fantasmas por algún tipo de sensibilidad especial.

El buen creyente habrá de dejarse guiar por esa intuición y tomar igualmente las medidas oportunas. En las afueras de La Coruña, existe el caso de Fernando A. Hermida: «Iba con mis hermanos a ver una carrera de motos cerca de Santa Cristina. Debían ser las ocho, pero como era invierno ya había anochecido. De repente, escuchamos que los perros de una finca cercana comenzaron a ladrar como locos y un fortísimo olor a cera quemada nos rodeó. No es que yo crea en esas cosas pero, por si las moscas tracé un círculo en el suelo a nuestro alrededor, hicimos «la higa» con las manos y gracias a Dios no pasó nada… ».

Algunos investigadores han intentado buscar paralelismos entre otros casos de «aparición fantasmal» en Galicia y el mito de la Compaña. Celia D. Calo, joven administrativa de órdenes, describe la aparición en su propio domicilio de un ser alto, vestido de blanco y con apariencia cuasireligiosa. Si nos limitásemos a tan pobre descripción, efectivamente podríamos buscar paralelismos, pero «La Compaña» posee una estructura, una personalidad y una tradición muy específica como para equipararla, gratuitamente, con otras apariciones. Más aún cuando el caso presenta tintes precognitivos. Precisamente esta es una de las señas de identidad de la auténtica «Santa Compaña».

En la localidad pontevedresa de Marín, existe otro caso, el de Charo Santiago: «Yo regresaba a casa después del trabajo. Aquella noche había salido un poco más tarde porque teníamos tarea atrasada. Salí de la carretera principal de Marín por el atajo que tomaba siempre que tenía prisa. Entonces los ví. Eran unos diez. Vestían todos de blanco y algunos llevaban luces, velas o candiles. Estaban parados delante de la casa de Mari Carmen, una vecina que conozco hacía años. Yo me asusté mucho y eché a correr hasta llegar a casa. No lo comenté con nadie hasta que dos días después esta vecina moría de repente, de no se qué enfermedad rara…».

Casos como el de Charo han llevado a especular a algunos parapsicólogos con la posibilidad de que se trate de una justificación inconsciente del testigo que ha tenido una premonición de muerte y la proyectase mentalmente como «La Compaña».

En estos montes orensanos se han visto en numerosas ocasiones “A procesión das Ánimas”, denominación lugareña de La Compaña.

Desgraciadamente hasta el momento no se ha hecho ningún tipo de investigación en profundidad. Javier Alonso Rebollo comenta los aspectos psicológicos de «La Santa Compaña»: «En sí mismo este mito reúne las características clásicas de los populares «fantasmas», a pesar de verse influído por otros aspectos del folklore gallego. Uno de los mayores legados que el neolítico dejó en esta región es el de la vida más allá de la muerte, y las diversas corrientes culturales y heréticas que llegaron a Galicia nos trajeron la creencia en que eran posibles las comunicaciones con ese más allá. Esto podría entroncar con determinadas creencias espiritistas. Pero además «La Santa Compaña» presenta un aspecto precognitivo al anunciar la muerte del visitado por esta comitiva, y también aspectos relativos al desdoblamiento «astral», ya que el vivo que ha de presidir la peregrinación no podrá esconderse en ningún lugar ni huir. Según el mito, cada noche, inevitablemente, y mientras no traspase la cruz a otro vivo, saldrá de su cuerpo cuando esté dormido y aparecerá nuevamente al frente de la procesión de difuntos… ».

Según antropólogos como Xosé Ramón Mariño Ferro, de la Universidad de Santiago, es importante tener presente que «La Compaña» es un fenómeno autóctono de Galicia, a pesar de encontrarse también en parte de Asturias y norte de Portugal. Eso nos obliga a un enfoque en buena parte sociológico del mito. Mariño Ferro comentó: «Tenemos una buena prueba del carácter eminentemente gallego del mito en que está asociado íntimamente a los cruceiros. El punto de reunión de la fantasmal comitiva serán determinados cruces de caminos donde se erigen cruceiros muy concretos, y a partir de ese punto comenzará su triste procesión nocturna».

Ciertamente algunos puntos de Galicia destacan por una mayor casuística, en torno a sus cruceiros y cementerios. Lugares como Lourizán, Marín (Pontevedra), Freixeiro, Muros (La Coruña), etcétera. Puntos que, en general, presentan sospechosas similitudes en su orografía, clima y vegetación, como comentábamos al principio factores de gran importancia en opinión de los estudiosos.

Pero como nos comenta Fernando Magdalena, «sobre todo en algunos núcleos rurales, casi cualquier fenómeno extraño que se produzca es asimilado a «La Santa Compaña». Recordemos casos como el del «Humanoide de Penamoa» o el ovni de Esteiro, o tantos otros casos que hemos recogído en el Centro de Investigaciones Psicobiofísicas. En muchas ocasiones, los testigos lo primero que dicen es que aquello era «cousa dos mortos». Y es que «La Santa Compaña» a veces se convierte en un «cajón de sastre» en el que meter todo lo extraño, insólito o inexplicable…».

Sea como fuere, miles de personas en toda Galicia aseguran haberla visto. Cientos de testigos afirman haberse topado en las oscuras «corredoiras» gallegas con una fantasmal procesión compuesta de pálidos espectros vestidos de blanco, mensajeros de la muerte y del miedo. Y aunque un amplio sector de la población dude de su existencia… haberla hayla.


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