Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘cultura celta’

La Santa Compaña: La Peregrinación De Los Muertos

iles de testimonios aseguran haber visto una procesión de figuras con sudario, que avalarían la existencia del mito gallego de la Santa Compaña. ¿Qué hay de cierto? Veamos las hipótesis más sugestivas y los relatos de algunos testigos.


A la «Santa Compaña» la describen como una procesión de figuras vestidas de blanco y cubiertas con sendas capuchas.

El doctor Pereira regresaba a casa al filo de las dos de la madrugada tras atender un parto difícil en una aldea vecina. Al doblar un recodo del camino se encontró con «La Compaña». Era un grupo de unas ocho tétricas figuras vestidas de blanco y cubiertas con sendas capuchas comandado por un pálido individuo que portaba una gran cruz de madera. La fantasmal comitiva se movía en el más absoluto silencio, mientras un fuerte olor a cera quemada lo inundaba todo. De repente, el grupo se detuvo frente a la casa de Manolo, el de la ferretería. El pánico dominó al doctor Pereira que salió disparado, como alma que lleva el diablo, para refugiarse en su vivienda, al otro lado del pueblo. Atrás quedaba el «mito imposible» que había visto con sus propios ojos: «La Santa Compaña». Cuatro días después Manolo el ferretero moría de un infarto en la tasca del pueblo…

Este es uno de los casos típicos y tópicos que el folklore y la cultura popular gallega amontona entre los relatos de los viejos lugareños de cualquiera de sus aldeas. Y es que resulta muy difícil, aún en los años noventa, encontrar una aldea o pueblo gallego en el que no exista, al menos, un testigo de estas insólitas apariciones.

Muchos han sido los literatos e intelectuales gallegos que han elegido «La Santa Compaña» como el argumento base de sus fábulas, y muchos también los antropólogos y sociólogos que han pretendido estudiar y comprender el mito. Pero todos los intentos de cuadricular esta tradición han sido pobres en resultados, ya que el mito de «La Compaña» ha sido asimilado de tal forma por la cultura rural gallega que sus variantes y matices son demasiados para ser clasificados alegremente. Cada pequeña localidad posee una «Santa Compaña» con personalidad propia.

Naturalmente existen casos abundantes para apoyar cualquiera de las creencias populares sobre ánimas, a pesar de que con el estudio serio y científico que algunos investigadores han hecho del mito, éste comienza a perder su aureola sobrenatural para encontrar, en muchos casos, una serie de respuestas posibles más lógicas y terrenales.

Según el estudio de algunos antropólogos o investigadores que se han ocupado del tema, en muchas ocasiones las apariciones de «La Compaña» se daban en lugares de características similares: terreno irregular, poca luz, un solo testigo y a altas horas de la noche… Algunos estudiosos, tras analizar casos concretos, llegaron a la conclusión de que en muchas ocasiones una pandilla de contrabandistas de tabaco, tan habituales en Galicia, o una partida de mariscadores, bien podrían haber sido tomados en la penumbra de la noche y por unos testigos pre-condicionados culturalmente, por una procesión de «ánimas en pena». Y no les falta razón.

Tétricas Leyendas

Son muchos los casos que se han dado de personas que han visto la «Santa Compaña».

Fernando Magdalena, del Centro de Investigaciones Psicobiofísicas de Vigo, confesaba que el número de casos de aparición de la «Santa Compaña» ha disminuido notablemente; para nosotros es debido en buena parte a la creciente iluminación y asfaltado de los caminos; para los «creyentes» la razón es que ahora se rezan más misas a los difuntos…

Pero, aunque en menor número, las apariciones no han desaparecido. En El Ferrol Juan Pérez decía: «Estaba con mi hermano en el coche, cerca de la playa, cuando los vimos. Eran una media docena. Todos vestían túnicas blancas, como de monjes, y se movían en silencio por encima de las rocas. Nos quedamos petrificados sin poder decir palabra…».

Bruno Alabau, otro testigo de la insólita aparición, fue el más explícito, ya que pudo presenciar el fenómeno desde más cerca: «Fue en marzo de 1982, en Gisamo (La Coruña). Yo era boy-scout y me encontraba con mis compañeros en una acampada de fin de semana. Después de la cena, ya era de noche, hicimos un «acecho», una especie de juego del escondite. Yo decidí rodear el campamento a través del bosque, así que me fui colina abajo y cuando estaba llegando al camino ví unas luces. Pensé que sería alguno de mis compañeros así que me escondí detrás de unos árboles con la idea de darles un susto, pero el asustado fui yo. No me preguntes qué era aquello. Eran siete «personas» en dos filas de tres y con uno de ellos delante, entre las dos filas. Todos vestían igual, una especie de túnicas terminadas en unos capuchones, como los de Semana Santa. El de delante llevaba una gran cruz que parecía hecha con dos maderas planas. Y los dos que le seguían, uno en cada fila, llevaban una gran vela cada uno. Los otros cuatro no llevaban nada. Me quedé allí, como paralizado, hasta que cruzaron frente a mí y se perdieron tras los árboles. Luego volví corriendo al campamento pero no conté nada a nadie; me tomarían por loco…».

Según la tradición popular, Bruno habría tenido mucha suerte, ya que el fundamento del mito es el de que «La Santa Compaña» está compuesta por un grupo de difuntos precedidos por un vivo condenado a salir todas las noches a los caminos, comandando la fúnebre peregrinación, portando la cruz o un cubo de agua bendita, hasta encontrarse con otro vivo a quien traspasar la condena y así quedar libre. De no hacerlo así, en un determinado tiempo iría enfermando y palideciendo gradualmente hasta morir.

Dicen los lugareños que no todos los mortales tienen la facultad de ver con los ojos a «La Compaña». Elisardo Becoña Iglesias, en su obra «La Santa Compaña, El Urco y Los Muertos» explica que según la tradición, tan sólo ciertos «dotados» poseen la facultad de verla: los niños a los que el sacerdote, por error, bautiza usando el óleo de los difuntos, poseerán, ya de adultos, la facultad de ver la aparición. Otros, no menos creyentes en la leyenda, habrán de conformarse con sentirla, intuírla, etcétera. Y es que habría una serie de indicios de la proximidad de la aparición como podría ser el olor a velas surgiendo de repente, o el espanto de determinados animales: perros, gatos, caballos… que según la leyenda pueden ver esos fantasmas por algún tipo de sensibilidad especial.

El buen creyente habrá de dejarse guiar por esa intuición y tomar igualmente las medidas oportunas. En las afueras de La Coruña, existe el caso de Fernando A. Hermida: «Iba con mis hermanos a ver una carrera de motos cerca de Santa Cristina. Debían ser las ocho, pero como era invierno ya había anochecido. De repente, escuchamos que los perros de una finca cercana comenzaron a ladrar como locos y un fortísimo olor a cera quemada nos rodeó. No es que yo crea en esas cosas pero, por si las moscas tracé un círculo en el suelo a nuestro alrededor, hicimos «la higa» con las manos y gracias a Dios no pasó nada… ».

Algunos investigadores han intentado buscar paralelismos entre otros casos de «aparición fantasmal» en Galicia y el mito de la Compaña. Celia D. Calo, joven administrativa de órdenes, describe la aparición en su propio domicilio de un ser alto, vestido de blanco y con apariencia cuasireligiosa. Si nos limitásemos a tan pobre descripción, efectivamente podríamos buscar paralelismos, pero «La Compaña» posee una estructura, una personalidad y una tradición muy específica como para equipararla, gratuitamente, con otras apariciones. Más aún cuando el caso presenta tintes precognitivos. Precisamente esta es una de las señas de identidad de la auténtica «Santa Compaña».

En la localidad pontevedresa de Marín, existe otro caso, el de Charo Santiago: «Yo regresaba a casa después del trabajo. Aquella noche había salido un poco más tarde porque teníamos tarea atrasada. Salí de la carretera principal de Marín por el atajo que tomaba siempre que tenía prisa. Entonces los ví. Eran unos diez. Vestían todos de blanco y algunos llevaban luces, velas o candiles. Estaban parados delante de la casa de Mari Carmen, una vecina que conozco hacía años. Yo me asusté mucho y eché a correr hasta llegar a casa. No lo comenté con nadie hasta que dos días después esta vecina moría de repente, de no se qué enfermedad rara…».

Casos como el de Charo han llevado a especular a algunos parapsicólogos con la posibilidad de que se trate de una justificación inconsciente del testigo que ha tenido una premonición de muerte y la proyectase mentalmente como «La Compaña».

En estos montes orensanos se han visto en numerosas ocasiones “A procesión das Ánimas”, denominación lugareña de La Compaña.

Desgraciadamente hasta el momento no se ha hecho ningún tipo de investigación en profundidad. Javier Alonso Rebollo comenta los aspectos psicológicos de «La Santa Compaña»: «En sí mismo este mito reúne las características clásicas de los populares «fantasmas», a pesar de verse influído por otros aspectos del folklore gallego. Uno de los mayores legados que el neolítico dejó en esta región es el de la vida más allá de la muerte, y las diversas corrientes culturales y heréticas que llegaron a Galicia nos trajeron la creencia en que eran posibles las comunicaciones con ese más allá. Esto podría entroncar con determinadas creencias espiritistas. Pero además «La Santa Compaña» presenta un aspecto precognitivo al anunciar la muerte del visitado por esta comitiva, y también aspectos relativos al desdoblamiento «astral», ya que el vivo que ha de presidir la peregrinación no podrá esconderse en ningún lugar ni huir. Según el mito, cada noche, inevitablemente, y mientras no traspase la cruz a otro vivo, saldrá de su cuerpo cuando esté dormido y aparecerá nuevamente al frente de la procesión de difuntos… ».

Según antropólogos como Xosé Ramón Mariño Ferro, de la Universidad de Santiago, es importante tener presente que «La Compaña» es un fenómeno autóctono de Galicia, a pesar de encontrarse también en parte de Asturias y norte de Portugal. Eso nos obliga a un enfoque en buena parte sociológico del mito. Mariño Ferro comentó: «Tenemos una buena prueba del carácter eminentemente gallego del mito en que está asociado íntimamente a los cruceiros. El punto de reunión de la fantasmal comitiva serán determinados cruces de caminos donde se erigen cruceiros muy concretos, y a partir de ese punto comenzará su triste procesión nocturna».

Ciertamente algunos puntos de Galicia destacan por una mayor casuística, en torno a sus cruceiros y cementerios. Lugares como Lourizán, Marín (Pontevedra), Freixeiro, Muros (La Coruña), etcétera. Puntos que, en general, presentan sospechosas similitudes en su orografía, clima y vegetación, como comentábamos al principio factores de gran importancia en opinión de los estudiosos.

Pero como nos comenta Fernando Magdalena, «sobre todo en algunos núcleos rurales, casi cualquier fenómeno extraño que se produzca es asimilado a «La Santa Compaña». Recordemos casos como el del «Humanoide de Penamoa» o el ovni de Esteiro, o tantos otros casos que hemos recogído en el Centro de Investigaciones Psicobiofísicas. En muchas ocasiones, los testigos lo primero que dicen es que aquello era «cousa dos mortos». Y es que «La Santa Compaña» a veces se convierte en un «cajón de sastre» en el que meter todo lo extraño, insólito o inexplicable…».

Sea como fuere, miles de personas en toda Galicia aseguran haberla visto. Cientos de testigos afirman haberse topado en las oscuras «corredoiras» gallegas con una fantasmal procesión compuesta de pálidos espectros vestidos de blanco, mensajeros de la muerte y del miedo. Y aunque un amplio sector de la población dude de su existencia… haberla hayla.


Anuncios

Read Full Post »

Castro de Santa Tegra

La Galicia Oculta

“Megalitos, petroglifos y castros son los yacimientos arqueológicos más abundantes de Galicia. Muchos de estos vestigios están sin catalogar. A bastantes los ha salvado el olvido y la complicidad de la naturaleza en una estrategia de camuflaje. No pocos han sufrido el expolio y los destructivos efectos combinados de la ignorancia y la violencia catastral. Abundan las leyes de protección, pero han sido y son muy escasas las actuaciones concretas de los poderes públicos para rescatar y preservar esta riqueza subyugante. La de la otra realidad. Una Galicia soterrada, de círculos concéntricos y mapas superpuestos” (Manuel Rivas)

Read Full Post »

cropped-losst

Read Full Post »

(MUJER CELTA)

La mujer guerrera

En no pocas ocasiones luchamos al lado de hombres o salíamos de caza con ellos o sin ellos.

Siendo en no menos veces instructoras en Artes de Guerra, como nos brinda la leyenda de Cuchulainn que fue adiestrado por Scathach o Scatagh que moraba en la Tierra de las Sombras o Isla de Skye y enseñaba a los héroes jóvenes que la visitaban, artes variadas, como hechizos para la lucha y estrategias combativas.

La leyenda cuenta como Cuchulainn halló a muchos hijos de príncipes celtas irlandeses que eran sus alumnos, para aprendeer de ella el Arte de la Guerra.

Posteriormente, el héroe irlandés luchó contra otra guerrera, hermana enemistada de Scatagh, llamada Aiffé, una terrible luchadora, venciéndola.

Igualmente, se podrían mencionar a las diosas guerreras de todo el panteón céltico, como La Morrigan, Macha, Badb o Medb de Connacht.

En una parte de esa leyenda, registrada en el Libro del Táin Bó Cuailgne (El robo del toro de Cooley) que por otra parte es una de los libros principales de la literatura medieval irlandesa, hay una discusión en el lecho entre esta reina irlandesa y su último rey-esposo Aillil, donde se explica la relación que había entre éste y Medb, la reina.

Ella era quien lo había elegido y no él a ella; Medb era la reina del país y, antes de Aillil, dos hombres llegaron a ser reyes por su matrimonio con ella, y sólo matando al segundo en combate, se convirtió en el tercer esposo y rey.

Maeve o Medb es la reina guerrera de Connacht que inicia la guerra contra el Ulster, para conseguir el famoso toro de los Ulates. Junto a él conserva Medb otros hombres, a los que otorga la “amistad del muslo”

También existen otras leyendas sobre mujeres guerreras como la de la guerrera campeona Criedne, entre los rudos Fianna, que fue una de las muchas, pero poco conocidas “banfennid”.

Cuando hombres y mujeres abandonaban la Tuatha, por quedar proscritos, por vivir lejos de todos o simplemente por buscar aventuras se asociaban a la “Fennidecht”.

Un “Fennid” era un fuera de la ley y dentro del ciclo llamado Ossiánico, se nos cuenta las aventuras y desventuras de sus máximos personajes como el ya conocido Fionn Mac Cumhall, que aparece como “Rigfennid” (jefe Fennnid), es decir, jefe de los proscritos.

O se podría también mencionar a “Nessa” la bannfenid, madre del conocido Conchobar Mac Nessa, quien prefirió tomar el nombre de su madre (Mac Nessa, hijo de Nessa – Ness-Assa)

Podríamos relatar la leyenda de Mis, la denominada muchacha-fiera, otra bannfennid, o hablar del combate entre Cormac Mac Art y la guerrera Coinchend Cenfada hija de “Conchruth Cabeza Roja y de Coinchiud Cabeza de Perro.

O la campeona Estiu que aparece en las “Aventuras de Suibhne Geilt”, un romance del medievo irlandés.

O según las leyendas irlandesas el 67ª rey, en este caso reina, también guerrera de Irlanda entre 377 y 331 antes de la Era Común. Hija de “Aed Ruadh”, fue llamada Macha la del pelo Rojo o “Macha Mong Ruadh”.

Si rebuscamos en las leyendas, seguramente aparecerán otras mujeres que tuvieron como oficio o se vieron obligadas a tomar las armas.

Pero dejando a parte la leyenda, a este respecto, podemos citar relatos de antiguos enemigos de los celtas, cuando hablaron del arrojo en combate de esas mujeres.

Mujeres que en la guerra precedían a los hombres en la lucha, a veces como fieras desnudas gritando y aullando, haciendo sonar diversos utensilios e insultando al enemigo con palabras hirientes, empuñando teas e imitando a la diosa guerrera “La Morrigan” con sus hechizos para la victoria.

Y si era preciso, mostrando sus nalgas como ademán despectivo al enemigo, al puro estilo celta.

Y si iniciada la lucha, el hombre que a su lado estaba, caía herido o muertos por las armas enemigas, ella lo reemplazaba.

Así nos cuenta Amiano Marcelino, militar romano de origen griego, buen conocedor de la literatura clásica (330-395 de la Era Común), sobre la mujer celta lo siguiente

“El cuello hinchado, los dientes rechinantes y blandiendo los enormes brazos cetrinos…, daba puñetazos a la par que patadas, como si fueran los proyectiles de una catapulta”.

En otra parte hace referencia a su coraje.

“Una patrulla entera de extranjeros, no podría resistir el ataque de un sólo galo, si este se hiciera acompañar y ayudar por su esposa.

Estas mujeres son, generalmente, fortísimas, tienen los ojos azules, y cuando se encolerizan hacen rechinar los dientes, y moviendo los fuertes y blancos brazos comienzan a propinar formidables puñetazos, acompañados de terribles patadas”.

Publio Cornelio Tácito, historiador romano, en su relato de la toma de la isla de Mona, que significa isla de la enseñanza (Anglesey, Môn, Gales) santuario druídico, que fue atacado por el romano Suetonio Paulino, que invadió, mató a los druidas hombres o mujeres y acto seguido taló toda la isla que era un bosque enorme, pues Tácito menciona a las celtas que allí había, como “desgreñadas mujeres de negro ropaje, cual furias blandiendo antorchas”.

Y también dice en sus “Anales”, refiriéndose a Boudicca, que no era la primera vez que los britanos eran conducidos a la batalla por una mujer.

Y aunque las citas de Julio César no me entusiasmen por su partidismo descarado, adjunto ésta, puesto que aún siendo de un enemigo de los Celtas, puede ser tenida en cuenta; “Una hembra celta iracunda es una fuerza peligrosa a la que hay que temer, ya que no es raro que luchen a la par de sus hombres, y a veces mejor que ellos.

Plutarco cuenta que en la batalla de Aix-en-Provence (102 antes de la E. Común), que se entabló entre las tropas de César y la de los celtas de la región, las mujeres galas resultaron ser unas decididas guerreras.

Armadas con espadas y hachas, eructando de cólera, se arrojaban sobre el enemigo romano y sobre el galo que huía, para obligarle a combatir.

Nos relata también una significativa historia de algunos jefes galos, de la tribu de los volcas tectósagos, firmando un pacto con las tropas cartaginesas de Aníbal cuando éste atravesó la Galia, camino de Roma.

Una cláusula estipulaba que, en caso de agravio de los galos contra los cartagineses, los gobernadores cartagineses serían los jueces, pero si el agravio era de los cartagineses contra los galos, serían las mujeres galas las que lo juzgaran.

Plutarco, en su tratado de virtudes femeninas, cuenta varias anécdotas sobre mujeres celtas.

Una mujer celta de nombre Kinimara o Chiomara, esposa de Ortagion de los celtas tolistoboios, entre los celtas gálatas fue capturada por los romanos y un centurión la violó.

Una vez liberada tras un rescate. Al informarle a su marido que había sido ultrajada y violada, le presentó al mismo tiempo la cabeza del romano violador.

El historiador griego, pero admirador de Roma y a su servicio; Apiano, cuenta como el general romano Décimo Junio Bruto el año 136 a. de la Era Común “marchó contra los de Braga… (bracarenses, en la zona de Galicia), que son una gente en la que también las mujeres hicieron armas… y combatieron, y murieron valerosamente y mataban a sus hijos con sus propias manos… prefiriendo la muerte a la deshonra”.

El geógrafo Estrabón, refiriéndose a las tribus que habitan el Norte de la Península Ibérica, habla de su valor, tanto de las mujeres como de los hombres, comparando, de manera explícita, a las mujeres de esa región con las mujeres de los escitas, que eran guerreras.
También existe constancia de la guerrera celta Onomaris, que al parecer luchó contra Ilirios por los Balcanes, estableciendo algún asentamiento como Singidunum( actual Belgrado) y posteriormente encabezando una marcha hacia las tierras de la península ibérica.

Cuando algunos celtas britanos fueron llevados a Roma como cautivos, durante el reinado del Emperador Claudio, ellos automáticamente asumieron que su esposa, la joven Agripina, era la dirigente, ignorando al Emperador y ofreciéndole su sumisión a ella.

Y reseñar, a las ya conocidas y famosas Castimandua y Boudicca.
En año 51 de la Era Común, la reina de los brigantes, Castimandua, cuyo reino era un protectorado de Roma, envió a los romanos, a Caratacos o Caradoc o en galés Caradawc preso.

Este era el caudillo de la coalición de las tribus de los silures, atrebates y trinobantes, que dirigía junto a su hermano Togodumnos, hijos ambos de Cunobelinos o Cynfelyn en galés, que se habían rebelado contra Roma, y que tras ser vencido por los romanos había huido hacia el Norte, hacia el reino de Castimandua.

Más tarde, Venutio, consorte de Cartimandua, que también era de la nobleza, encabezó una revuelta contra la reina y exconsorte, para apoderarse del trono, estallando una guerra tribal entre los aliados de los romanos de Cartimandua y los contrarios a las alianzas con los romanos de Venutio.

De nuevo recurrió la reina a sus amigos imperiales, con la ayuda de los cuales, pudo mantener el liderazgo y la jerarquía. Posteriormente se casó de nuevo, con su escudero Velocatos, produciéndose una nueva rebelión contra ella, dadas sus argucias y teniendo que ser rescatada de nuevo por sus aliados romanos.

Boadicea la Victoriosa, fue Reina de la tribu de Iceni tribu localizada por el Norfolk de la actual Inglaterra.

Al contrario que Castimandua, no fue amiga de los romanos. Encabezando una rebelión entre 80.000 y 100.000 guerreros y sus dos hijas, en el año 60 antes de la Era Común, contra estos, destruyendo las ciudades de Camulodunum (Colchester Verulamium), (St. Albans) y capturando Londinium (Londres).

Exterminando de paso a la llamada IX legión hispana Finalmente fue derrotada por los romanos, y en lugar de ser humillada por ellos, se envenenó.

En cualquier caso, se debe suponer que no son los únicos casos pues arqueológicamente está comprobado que en las tumbas de mujeres celtas se han hallado ajuares y gran cantidad de armas y armaduras.

Todo indica que hubo mujeres guerreras celtas a pesar de los intentos posteriores, como del que se tiene constancia por impedir a las mujeres tomar parte activa en la guerra.

Esto ocurrió con una ley del año 590 de la Era Común, en el sínodo de “Druim Ceat”.

Sin embargo, no pudo llevarse a cabo al negarse las mujeres a cumplirla y abandonar sus armas.
Las conquistas romanas y la inmersión en su mentalidad por parte de casi todos los pueblos celtas, excepción hecha de Irlanda y las altas Tierras Escocesas, se perdió considerable y notablemente la visión particular que se tenía de la mujer, no solo ya, en sus aptitudes guerreras, sino como ser viviente.

Los romanos, en su mayoría consideraban a la mujer como portadora de niños o simples objetos de placer.

Como mucho, se la tenía en cuenta como ser capaz de dar continuidad a la “gens” romana.

Sin embargo, y decididamente, la función de la mujer como guerrera ya con la cristianización, perdió toda su importancia, y le fue arrebatada esa posibilidad.

Aunque, claro está no sólo como guerrera vió mermada sus aptitudes.


La mujer en el mundo celta:

Eramos mucho mejor consideradas que en otras sociedades antiguas. Teníamos acceso a la propiedad y a la herencia, y más en ausencia de descendencia masculina.
Las fuentes clásicas se muestran sorprendidas por la independencia y libertad de las mujeres celtas.

Tácito explica como a los hombres celtas no les importaba ser conducidos por mujeres y conocemos los casos de reinas como Boudicca o Cartimandua, reinas de los icenos y los brigantes respectivamente. Así como la reina Medb, en la epopeya de Tain Bó Cuailnge.

La mujer celta solía acompañar a sus hombres a la batalla, es más, a menudo demostraban una furia comparable e incluso superior a éstos.

César, en la guerra de las Galias, lo menciona así: “Una hembra celta iracunda, es más temible incluso que un riastradth (estado en que los guerreros keltoi acudían a la batalla, similar al bersecker vikingo), pues se muestra más fiera e indomable que éstos…”.

Costumbres

Las mujeres celtas tenían un desarrollado gusto por la coquetería. Llevaban sus cabelleras trenzadas, usaban muchos adornos y hasta cosían pequeñas campanillas en sus ropas a fin de llamar la atención.

Se maquillaban con una hierba llamada “ruan” y con jugo de bayas.
Pero estas misma mujeres, mantenían una estrecha relación con los hombres de la tribu, trabajaban desde su niñez y aprendían en manejo de las armas a corta edad.

Debido a su vida de viajeras, estaban preparadas para el combate y para defenderse tanto de serpientes como de osos.

Ammanianus Mercellinus, comentarista romano dijo sobre las mujeres celtas: “Unas lobas en celo no lucharían tan rabiosamente para proteger a su camada como ellas…”.

Read Full Post »

Read Full Post »

leyendas gallegas

Vengo del país de la lluvia eterna

Vengo del fin del mundo.

Soy de donde el agua muda la eternidad en melancolía y la melancolía se torna en nostalgia perenne.

Vengo de la más hermosa tierra que la naturaleza, en su eternidad, pudo parir.

Vengo de la piedra y el viento del norte, gélido y eterno.

Soy del país que los hombres llamaron Galicia.

Soy de la tierra que los dioses quisieron llamar ETERNIA.

Hay el tópico de que l@s galleg@s somos medros@s y que como el fundamento psicológico de las leyendas es inherente a la mentalidad humana; brujería y superstición son derivativos de ese poderoso móvil psicológico que se llama miedo.

El rumor del viento al cruzar los bosques umbríos, el constante ruido de las cascadas, la furia imponente del mar; el día, las diversas costumbres de sus variadísimos animales; de noche, las aves que cantan o que gimen, y los vegetales que fosforecen o los insectos que alumbran.

Hay leyendas que perduran en la cultura gallega, hoy en día son más bien cuentos o anécdotas, que verdaderamente cuestiones de fe.

A continuación vamos a hacer un bosquejo de algunas de ellas.

El Ciprianillo O milagro do Cebreiro
Graznidos de aves La piedra de abalar
La reina Lupa Las ciudades sumergidas
Meigas Mouros
San Andrés de Teixido Santa Compaña
Tocar la campana Ith y los hijos de Mil
Galaaz en Galicia Las Burgas
La Laguna de Doniños La Torre de Hércules
Las conchas de Santiago La Princesa d’A Barbança
El Buey Mugidor El Fuego
La Cueva del rey Cintuolo Santa Mariña d’as augas santas
La piedra Los Piratas
La mujer Lobo Don Roldan y las princesas
La Laguna de Cospeito Leyendas de la noche de San Juan
Un pastor y una cobra en Pardesoa A Cova da Paralaia
Leyenda de Vilamarin Chamorro
A Cova da Serpe La Reina Loba
A costa da morte Fiesta de las fachas

Read Full Post »

El saxofonista Wayne Shorter, el grupo escandinavo Atómic y los históricos del jazz gallego Clunia son algunos de los alicientes del cartel de este año

La escena del jazz gallego afianza su presencia En el 2006 y el 2007 se recogieron excelentes cosechas en el jazz gallego, con más de una treintena de grabaciones en total. Este recién estrenado 2008 comienza con fuerza y ya hay un buen puñado de proyectos esperando presentación. Para estos primeros días del año se ultima la publicación de la nueva entrega del pianista santiagués Abe Rábade. Se trata del esperado GHU! Project vol.2., que llevará por título Open Door s, grabado a finales del pasado verano en Oporto en formación de septeto . El intérprete compostelano abrirá también otro frente en su acercamiento a la música tradicional, como ya sucedió con Nordestin@s, con un nuevo trabajo en el que pone música a los poemas de Rosalía y en esta ocasión usará las voces de Guadi Galego y Anxo Angueira . Otra presentación esperada es el tercer proyecto del trío compostelano Sumrrá, una grabación en directo registrada el pasado mes de julio en varias sesiones en la sala Nasa. Por su parte, Xacobe Martínez, contrabajista de Sumrrá, también está implicado en el proyecto en cuarteto Pin. Cirera. Legido. Martíne z. De las novedades discográficas del jazz gallego para este mes de enero destaca también el segundo trabajo de la cantante Terela Gradín, Pascala, que en esta ocasión firma con el excelente pianista y habitual colaborador Manolo Gutiérrez, en un álbum que incluye composiciones originales y recreaciones de temas de Radiohead y Wayne Shorter. El guitarrista Pepe Evangelista publica Teima, su primer proyecto discográfic o, junto al contrabajista Kin García, el batería Miguel Cabana, y el saxo Roberto Somoza, intérprete que ya está metido en el estudio para grabar su tercer disco como líder.

Read Full Post »

Older Posts »